Para hacerse un hueco en el mundo de las cafeterías hay que innovar. Ya no vale con montar un negocio típico, hay que marcar la diferencia y eso es lo que ha hecho Ziferblat. Una de las curiosidades de esta cafetería es que no pagas por el café o por lo que consumas sino por el tiempo que estés en ella.

Ziferblat (que en ruso y alemán significa ‘contador de’) es la marca de varias 14 cafeterías repartidas por diversas ciudades europeas como Moscú, Londres, San Petesburgo, Kazan o Manchester. En realidad, ellos se definen como el anti-cafetería, porque la idea es crear un ambiente que invite a trabajar, conversar, leer, relajarse y donde se ofrece la posibilidad de tomar un café, un té o comer algo.

¿Cómo funciona? Cuando entras en Ziferblat te entregan un reloj. El precio son tres peniques el minuto, así que si estás una hora serán poco más de dos libras (en los Ziferblat ingleses, aunque en los demás el precio es más o menos similar) y si estás más de cinco horas el reloj se para y cuesta 9 libras.

Te diriges a una de las mesas o de los sofás y ya puedes aprovechar el Wi-Fi del local, tomarte un café, hacerte un batido, consumir la comida que te hayas traído de casa o la que tienen en la nevera… y a la vez puedes trabajar en tu portátil o tablet, leer la prensa o mantener una reunión en una de las salas privadas que tienen a tu disposición. Cuando acabes, te diriges a la salida y entregas el reloj y pagas por el tiempo que has consumido.

El origen de esta anti-cafetería es también una de sus curiosidades. Todo empezó en un ático de Moscú, donde Iván Mitin (el propietario de Ziferblat) y unos amigos se reunían para desarrollar sus proyectos literarios. Luego extendieron la invitación a otras personas. Allí se discutía de literatura, se tocaba el piano, conversaban, tomaban café… y cada uno aportaba algo para poder mantener el piso.

La fama del ático fue creciendo y al final Mitin decidió alquilar un local. Para pagarlo decidió cobrar un precio simbólico a los que acudían al sitio: un rublo por minuto (algo así como 2 céntimos de euro). El éxito del proyecto les llevó a abrir otros Ziferblat, primero en Moscú, luego por otras ciudades de Rusia y su zona de influencia, hasta llevarlo a Inglaterra., donde ha sido muy bien acogido.

Otra de las curiosidades de estas cafeterías es que vale todo, puedes hacer lo que quieras en ellas (siempre que no molestes a los demás clientes): tocar el piano, jugar al ajedrez, tomar un café y un dulce, hacerte un zumo… solo hay una cosa que no está permitida, el alcohol.

Como es lógico, estas cafeterías se mantienen gracias a que cuentan con un núcleo fijo de clientes habituales. Principalmente freelance o estudiantes que acuden a Ziferblat buscando un espacio tranquilo, donde poder estudiar o trabajar y en el que pueden picar algo. Gracias a las donaciones de esos clientes este proyecto social, como lo llaman sus creadores, funciona perfectamente.

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