En este momento miles de personas están disfrutando de un café. Es un ritual diario de sobra conocido por todos. Puedes hacerlo mientras comentas cualquier tema de actualidad con tus compañeros de trabajo. Mientras escribes en tu diario lo que observas por la ventana de la cafetería. O tal vez mientras conoces un poco mejor a esa persona sentada a tu lado. Es tu momento, y gracias a iniciativas solidarias como “Café pendiente”, también puede serlo para alguien que realmente lo necesite.

¿Te gustaría saber en qué consiste? Es tan sencillo como llegar a la cafetería, tomar algo y, aparte de tu consumición, pagar anticipadamente un café a alguien que no tiene recursos para comprarlo. ¿Fácil verdad? Es una iniciativa que invita a realizar una acción solidaria basada en la confianza y sin ánimo de lucro.

La idea surgió en Nápoles, Italia, con el nombre de “Caffè Sospeso”. Gracias a la voluntad de mucha gente y las redes sociales, se ha ido extendiendo a numerosos países de todo el mundo. Podría parecer una iniciativa moderna, propia de la mejor de las campañas de marketing solidario. Sin embargo no es algo ni mucho menos nuevo.

Para encontrar su origen, hay que remontarse al Nápoles del siglo XVII. En concreto al barrio obrero de Sanita, donde la pobreza abundaba entre los vecinos. Cuando alguien estaba feliz después de que algo bueno hubiese pasado, en lugar de pagar un café, pagaba dos, dejando sobre la mesa el dinero para el próximo cliente. De esta forma, cuando llegaba un indigente o una persona con necesidades, tenía algo caliente que llevarse al estómago.

Mucho tiempo después, en 2008, algunas cafeterías de la ciudad italiana decidieron recuperar la hermosa tradición. Con la ayuda de una ONG llamada «Rete del Caffè Sospeso», el tema consiguió despertar el interés de mucha gente. Tanto que la iniciativa incluso consiguió su efeméride particular: 10 de diciembre, día del “café en espera”.

En la actualidad, muchas cafeterías de distintos países de Sudamérica, Europa o EEUU han acogido la idea con entusiasmo. La clave está en que cualquier local puede aplicarla sin más que anunciarlo a sus clientes. Existen incluso alternativas con desayunos y comidas.

Todos aquellos que participan en esta propuesta altruista coinciden en que lo hacen porque piensan que es más bonito dejárselo a alguien que lo necesite que pedirse un café para ellos mismos. Personas que, como cualquiera de nosotros, tienen necesidad de un rato agradable, pero por numerosas circunstancias no podían permitírselo hasta ahora. ¿Te animas a poner una sonrisa en sus caras?

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