Cada vez está más claro que los alimentos pueden ayudar a controlar determinadas patologías. Hasta hace bien poco tiempo, se despreciaba el impacto que podrían tener.

El café es la segunda bebida más popular en el mundo, tan solo por detrás del agua. Se estima que se consumen al día unas 2,25 millones de tazas de café en todo el mundo. El café contiene una mezcla compleja de proteínas, carbohidratos, lípidos, potasio, magnesio, antioxidantes y cafeína. Un estudio publicado en la revista ‘Nutrients’ titulado: ‘Coffe intake is associated with a lower liver stiffness in patients with non-alcoholic fatty liver disease, hepatitis C, and hepatitis B’ y, realizado por investigadores australianos, aborda el efecto de esta bebida sobre la salud hepática de personas que lo tienen ya afectado por ciertas patologías como: hepatitis causada por virus tipo B o C, así como, hígado graso de origen no alcohólico. En total, se ha estudiado la salud hepática de 1.018 personas afectadas de estas dolencias.

Los investigadores midieron la rigidez hepática de estas personas, utilizando una técnica basada en ultrasonidos, que no es nada invasiva para el paciente, a diferencia de la biopsia hepática, que sí lo es. La rigidez hepática nos indica la extensión de la fibrosis en el hígado. Es necesario tener en consideración que, a mayor rigidez, menor elasticidad, lo que indica un mayor daño hepático. Esto quiere decir que, la rigidez es el factor predictivo más indicativo del desarrollo de problemas hepáticos en estas personas.

Pero, veamos qué resultados han obtenido y cuál han sido sus conclusiones. Lo que han encontrado es que, aquellas personas que consumen dos o más cafés al día, tienen menor rigidez hepática, es decir, tienen un hígado más elástico y, poseen menos fibrosis y menos inflamación hepática. Concluyen que, el café es bueno para las personas con enfermedad hepática.

El mismo estudio indica que, sin embargo, este efecto no se observa en aquellas personas que consumen té. Para las personas amantes del café, esto es una buena noticia. Lo que no sabemos es, qué componente o componentes de los presentes en el café serían los responsables de estos efectos. Si consideramos que hay distintos tipos de café, por ejemplo, diferentes variedades; diferentes formas de prepararlo; diferentes formas de tostarlo (natural o torrefacto); pues todo ello hace que varíe su composición y ello, podría afectar al potencial saludable en cada caso. Por ejemplo, es más sano el tueste natural comparado con el torrefacto. Habría que definir cuál de todos ellos sería el más saludable.

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